pensamientos

Pensar es recogerse en una impresión, destacarla dentro de nosotros mismos y proyectarla en un juicio personal (Amiel)

3.3.06

sobre la edad y cómo me siento...

Qué grande y qué guapa estás, si ya eres una mujer... Hace nada estabas correteando por mi casa y ahora, mírala; en la universidad. ¿Cuántos años tienes ya?

Supongo que todos habréis escuchado mil veces comentarios de ese tipo y sabéis a lo que me refiero. Podréis ponerle la expresión y el tono de voz que acompañan a esas palabras. Alguno podrá incluso ponerle la cara de la última persona que se las dijo. Este tipo de comentarios nos acompañan durante toda nuestra vida pero es en los últimos años cuando está dejando de ser un motivo de orgullo para mí y se ha convertido en algo que asusta. Concretamente, desde que cumplí los dieciocho.

No sé. Es como si, hasta entonces, siempre tuvieras una meta más que alcanzar y la mayoría de edad fuese la cima de la montaña. Ya no puedes subir más, pero tampoco puedes bajar. Cualquier cifra posterior a los dieciocho no es más que un cambio de número; ya no lleva aparejado nada importante, sólo la terrible evidencia del paso del tiempo.

Puede que haya personas que no entiendan que, con veinte años menos unos meses, se pueda tener miedo al paso del tiempo. Pues es posible, es real y, para colmo, es un síntoma común entre la mayoría de las personas de mi edad.

¿Por qué narices tengo que seguir cumpliendo años si ya no me sirve de nada? Lo que quiera hacer, lo podré hacer con diecinueve y con cuarenta y dos, por eso quiero quedarme en los diecinueve.

Aparte de la evidencia de que los relojes del mundo siguen dando vueltas, hay otras cosas que me desconciertan. La primera, lo rapidísimo que pasa el tiempo. De repente estás celebrendo la entrada del 2005 como la del 2006. Es increíble, no hay tregua; no te puedes parar a respirar porque te perderás una parte de tu vida...

Pero, olvidando todas esas cosas, la más importante y la que más me asusta es ésta: No me siento una persona de casi veinte años. Recuerdo mi preadolescencia, cuando veía jóvenes en la tele con la edad que tengo ahora o incluso menos. "Salvados por la campana", "El príncipe de Bel-Air", y un largo etcétera que ahora no recuerdo. Ellos ya eran "mayores", ya podían salir de noche y llegar cuando quisieran, ya podían vivir solos, ya tenían sus parejas formales e incluso pensaban en el matrimonio... "Es normal, es que ya tienen edad para esas cosas"... ¡Y una m...!

Después entré en la adolescencia. Con catorce, quince, dieciséis años ya pensaba que tenía el derecho de hacer todo eso. Normal, me había pasado mi vida viéndolo en la caja tonta y no entendía por qué no se me trataba como a la "adulta" que era. Bien, no voy a hablar aquí de edades con las que tienes derecho a hacer lo que te dé la gana porque no es ese el tema. Sólo estoy hablando, preguntándome más bien, por qué me siento ahora más joven, más inexperta y menos responsable que hace unos años.

Estudio para un examen y no lo hago porque tenga a profesores como Don Ángel o Don Miguel (espectadores de mi revolucionismo adolescente) diciéndome "Patricia, no te desmadres". No, lo hago porque yo decido que tengo que hacerlo. Me proponen ir a Londres con unos amigos y mis padres no ponen ninguna objeción. Ninguna. Cuando salgo (no muy a menudo, por cierto) llego a la hora que me da la gana y ya ni siquiera me preguntan qué hora fue esa. Puede que mi sorpresa en este tema se deba a que antes me controlaban demasiado y ahora me cuesta acostumbrarme. Tampoco es que esté quejándome de eso, la verdad. Pero, vamos, que se dan una serie de cambios en mi vida que no entiendo.

Tampoco entiendo por qué no lo entiendo. Vamos a ver, yo ya no me considero una adolescente. He pasado la época de cambios y efervescencias hormonales. Mi cuerpo ya es como es y ha dejado de cambiar. Las identidades sexuales y todas esas paranoias ya están más que claras. Ya no soy adolescente. Pero, entonces, ¿qué soy? ¿cómo se llama a lo que sigue directamente a la adolescencia? No es la adultez ni la madurez ni palabras de esas que suenan a "vieja". ¿Qué es? Sea lo que sea, va después de las tonterías de los quince años. Entonces, debería entender que se me trate como a una "adulta", ¿no? Pues no lo entiendo.

El otro día estaba en casa de una amiga con mi hermana. Fuímos a tomar café y después decidimos quedarnos allí a estudiar las tres juntas. Todo lo que pasó esa tarde me pareció de lo más surrealista. En primer lugar, porque entendía lo que estaba estudiando, pero ese es otro tema. Estábamos solas, sus padres no estaban y sólo nos acompañaba su hermanilla de tres años. Además ella tiene novio por lo que nos estuvo hablando de sus planes para San Valentín. Lo que le iba a cocinar al novio, cómo iba a decorar la casa,...

La escena me recordó a esas que veía en las series cuando era pequeña. Tres "mujeres" hablando de cosas de "mayores". Y me entró un acojone por el cuerpo que no os lo podéis ni imaginar. Me sentía como una espectadora de mi vida, como si fuese un sueño. Y es que, aquello no podía ser real. No era posible que yo estuviese diciéndo esas palabras, pensando esas cosas y haciendo lo que estaba haciendo. Si yo sólo soy una niña, ¿es que nadie lo ve?

Toda mi vida he querido vivir sola. Pero no con compañeras de piso (para lo que creo que no sirvo) sino sola, sola. Me encanta la sensación de ser la única que está en casa cuando no tienes nada obligatorio que hacer en ese momento. Me encanta poder decidir si leo un libro o veo una peli, si me pongo a hacer algo con el ordenador o escucho música,... Y, según yo lo veía, vivir sola es la forma que más momentos de esos te proporciona. Sigo pensando así y siguen encantándome esos momentos. Pero ya no tengo tanta prisa por irme de mi casa. No es que piense quedarme aquí eternamente, pero creo que debo aprovechar al máximo el tiempo que esté y no desperdiciarlo con castillos en el aire. Todo llegará.

Creo que he encontrado, con mis propias palabras, la respuesta. El período de tiempo que sigue a la adolescencia es la niñez. Una niñez que me permite observar lo que me rodea y maravillarme, que me permite sorprenderme de la libertad que me conceden y disfrutarla. En el momento en el que dejemos de pensar como niños, nos convertiremos en adultos que no disfrutan de lo que les rodea y que sólo viven por y para "las obligaciones". Hay que dejar que ese infantilismo nos acompañe hasta que la vida se agote y ya no pueda acompañarnos más.

Hace unas semanas una tía mía me dijo "Patricia, que tengo veinte años más que tú, te queda mucho por aprender". Lo dijo a modo de reproche, era un "No me quites la razón, que tengo más experiencia y sé más que tú de la vida". En ese momento me sentó como un puñetazo en el estómago, como un jarro de agua fría en pleno invierno. Ahora que lo recuerdo pienso, quédate con tu experiencia, con tus años y con tu sabiduría. Yo me quedo con mi niñez y con mi continua sorpresa ante las cosas que se me presentan.

2 Comments:

At 21/3/06 19:53, Anonymous Juanjo said...

Buenas reflexiones, podría ayudar a más de cuatro personas que de seguro se encuentran en la misma situación. Yo creo que ya perdí mi 2ª niñez, como tu le dices, o que la pasé por alto, o que no la tuve en cuenta. Lo que sé, es que no estoy en ella y puede ser por eso por lo que lo veo todo tan negro. Quizás haya que simplificar las cosas con la mentalidad de un niño, pues casi siempre será más fácil. De momento tú sigue disfrutando que sabes perfectamente que se puede ser un niño hasta con 50 años.

 
At 26/4/08 04:01, Anonymous olga said...

La verdad me encanto lo que escribiste, es algo que a muchisimas personas nos pasa en algun momento por la cabeza y piensas que quizas eres la unica, sin darte cuenta que ese miedo por viejas y nuevas experiencias nos acompañan a lo largo d toda nuestra vida.

 

Publicar un comentario en la entrada

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home